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Balance de vida: Sí se puede

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Empecé mi vida profesional trabajando para una gran empresa multinacional. Recién salido de la Universidad, conseguí lo que consideraba la mejor oportunidad de mi vida.

Entré a trabajar a una organización con presencia en 52 países que ofrecía muchísimas oportunidades de desarrollo y crecimiento profesional.

En pocos días me di cuenta de que nada de lo que había aprendido en la Universidad era aplicable en la vida real y que tenía ante mi el gran reto de sobrevivir entre profesionales a los que admiraba mucho, y por supuesto, la única manera de hacerlo era: trabajar mucho.

Y trabajaba mucho. Recuerdo salir frecuentemente de mi oficina a las 11:00 de la noche, trabajar fines de semana y llevarme trabajo a casa. Tenía una visión clara: quería llegar a ser vicepresidente para América Latina y vivir como expatriado, preferiblemente en Miami.


En aquellos años, la vida era fácil. No tenía ningún problema con trabajar largas horas a la semana. Es más, me encantaba hacerlo, el trabajo era mi vida y la estaba viviendo como quería.

El problema empezó el día que me enamoré. De repente, existía otra cosa en mi vida que era igual o más importante que mi trabajo. Necesitaba tiempo para pasar con esa nueva persona maravillosa que había entrado en mi vida. Como ya andaba bastante ocupado, empecé a utilizar el tiempo que antes gastaba durmiendo para estar con ella. Nos veíamos frecuentemente en las noches y pasábamos todos los fines de semana bailando hasta la madrugada.

Aunque vivía bastante desvelado, el tiempo todavía me alcanzaba para lo que quería. Pero luego quise más. Quise estudiar una maestría, quise viajar por el mundo, quise casarme y tener hijos, quise aprender nuevas cosas y tener nuevas experiencias, quise tener una vida interior más rica.

De esta manera empezó mi nuevo oficio en la vida: el de equilibrista en la cuerda floja. Andaba caminando en las alturas, tratando de sostener al mismo tiempo una vida laboral llena de retos con una vida personal llena de satisfacciones. Todos los días se añadía nuevo peso en ambos extremos de la balanza. Iba ascendiendo en mi vida profesional y con ello adquiría nuevas responsabilidades y aumentaba la presión mientras que al mismo tiempo quería más tiempo para mi pareja, para mis hijos y para mí mismo.

Mantener la balanza equilibrada se convirtió en un verdadero problema. Por un lado, una vocecita susurraba en mi oído izquierdo: “estoy en los mejores años de mi vida, los cargos de vicepresidente son pocos y los aspirantes muchos. En unos años ya voy a estar muy viejo para el mercado laboral, así que más me vale esforzarme ahora y triunfar. Si no genero ingresos importantes en los próximos años, cómo voy a lograr la seguridad económica que quiero para mi y mi familia?”.

Mientras que en mi oído derecho otra voz me decía: “estoy en los mejores años de mi vida, mis hijos están chiquitos y no me quiero perder el verlos crecer. La vida se pasa muy rápido y si no le dedico tiempo a las cosas que quiero hacer y aprender, luego voy a estar muy viejo para hacerlo”.

Después de muchos años de estar dedicado al tema de manejo efectivo del tiempo, puedo ver que mi experiencia durante estos primeros años de mi vida laboral no es única. Todos los días, nuestros clientes nos comparten su lucha por mantener una vida equilibrada. Tenemos muchos sueños, tanto laborales como personales, y no vemos cómo poder cumplirlos todos. Sentimos que solamente hay dos caminos: el del super-ejecutivo, que implica grandes satisfacciones y grandes sacrificios o el del fracaso, que implica quedarnos sin trabajo y perder la estabilidad económica.

De hecho, la mayoría de la gente ni siquiera se cuestiona el tema. Ponerse a pensar en todo lo que quiero hacer con mi vida, definir qué es lo que realmente me importa y tomar acciones al respecto es ponerme más trabajo del que ya tengo, así que lo más fácil es levantarme como todos los días e ir a trabajar.

No tomar ninguna decisión es decidir de todas formas. Dejar que la vida nos lleve, en lugar de definir a donde queremos ir, es decidir que los demás fijen nuestras prioridades. Es más fácil caminar con los ojos vendados y ver después a donde nos lleva el camino.

El problema que esto trae, es que muchas veces perdemos cosas que realmente nos importan y nos damos cuenta demasiado tarde. Cientos de clientes nos comparten cómo, al no lograr una vida más balanceada, han perdido su salud, su relación de pareja, ver crecer a sus hijos o su trabajo. Y una gran parte de ellos, siente que no había otra salida, que la empresa donde trabajan exige eso de ellos, que su jefe los hace quedarse hasta tarde, que así es el mundo… en fin. Estoy convencido de que el único responsable de nuestra vida somos nosotros mismos y que la única forma de lograr lo que queremos es saber qué queremos y tomar acciones para lograrlo.

¿Es realista, en el mundo moderno, tener una vida equilibrada entre el trabajo y lo personal? Depende a lo que llamemos equilibrado. Si queremos completar todos los días nuestra lista de pendientes laborales, llevar y recoger a los niños en la escuela, estudiar la maestría, hacer ejercicio, dedicarle suficiente tiempo a nuestros hobbies favoritos, ver los noticieros y hacer las otras 50 cosas que queremos… pues no. No se puede.

Pero si una vida equilibrada significa lograr hacer lo que realmente nos importa, darle tiempo a esas cosas que son verdaderamente significativas para cada uno de nosotros, entonces la respuesta es sí es posible.

El primer paso es, por lo tanto, definir que es lo que realmente queremos hacer. Cuáles son esas áreas en nuestra vida que queremos disfrutar, que cosas no nos queremos perder Y con eso claro, concentrar nuestros esfuerzos en lograrlo.

Entre todas nuestras actividades, el trabajo es la que, mal manejada, nos puede llevar a un mayor desequilibrio. Pasamos la mayor parte de nuestro día y siempre hay mucho que hacer. Recuerdo que de joven pensaba que, si se me apareciera el genio de la lámpara de Aladino, mi deseo sería que el mundo parara dos semanas para ponerme al día con todo el trabajo pendiente. Pues el genio no ha aparecido ni el mundo no ha parado hasta ahora y todavía sigo atrasado.

Para lograr un balance de vida, lo primero que hay que hacer es entender que no vamos a poder hacer todo lo que queremos, en el tiempo en que quisiéramos. Que la meta del día no debe ser completar toda la lista de tareas, sino hacer aquellas que realmente logran resultados.

Es muy fácil perderse en el mar de cosas pendientes y trabajar largas horas. Así cómo la clave para tener una vida plena es saber cuales son mis prioridades en la vida, la clave para ser exitoso laboralmente, es saber cuales son las prioridades en el trabajo.

No cumplí mi sueño de juventud de llegar a ser vicepresidente para Latinoamérica de esa organización, no fui expatriado ni viví en Miami. ¿Hubiera podido lograrlo? Claro que sí. Lo que pasó es que en el camino me dí cuenta que ese sueño no era realmente mió, era prestado. Era el sueño de mis compañeros de trabajo y coordinaba perfectamente lo que yo sentía que todos esperaban de mí. Pero cuando puse mi vida en la balanza, descubrí que mis sueños eran otros.

Hoy puedo decir que he vivido como he querido. Soy director para Latinoamérica de mi propia organización, tengo una vida laboral llena de retos y satisfacciones, una familia que me disfruto inmensamente y varias actividades extra-laborales que completan mi vida satisfactoriamente.

Sigo en el oficio de equilibrista. Todavía me mantengo en la cuerda floja balanceando todas estas actividades, pero saber qué es lo que realmente es importante para mi y concentrarme en resultados me mantiene en las alturas!!


El Lic. Julián Jordan Do it Internacional
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