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¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?

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Confieso que ayer después de ir por mis hijos al colegio, me los llevé a comer helado. La regla es que entre semana no lo debemos hacer… Lo sé, lo sé.


Estando ahí le sugerí al Léon (sobrenombre que lleva desde bebé) que ya no pidiera el helado de chocolate de siempre y que probara uno diferente, sin ningun problema eligió uno denominado: Algodón de Azúcar. De entrada el nombre ya me parece raro para un helado, pero el color azul que tenía era aún más raro; cuando le pedí que me diera una probadita, me encantó… Por cierto, para no perder la costumbre, yo había ya ordenado el mismo sabor que siempre pido. ¡ Qué incongruencia !

Estuve reflexionando al respecto… soy una persona de rutinas y no me malinterpreten, en muchas ocasiones tener una rutina es muy bueno, en algun deporte, en la alimentacón, etc… No me refiero a esas buenas prácticas de rutina, me refiero a aquellas en donde muy en el fondo sabemos que podríamos experimentar nuevas cosas.

Casi siempre me voy a la oficina por el mismo camino, suelo hacer las mismas cosas en fin de semana y en ocasiones salvo pequeñas diferencias podría dar practicamente la misma conferencia en dos diferentes escenarios.

A veces no salgo de mi zona de confort… También mucha gente que conozco.

Si nos examinaramos a conciencia, deberíamos preguntarnos: A pesar de la situación de la empresa, ¿Cuántos de nosotros seguimos por varios años las mismas estrategias y estructura de negocio? o ¿ Nos encontramos haciendo regularmente lo mismo cada día? ¿En qué rutinas hemos caído en el servicio que damos a nuestros clientes? ¿Cuánta innovación hemos desarrollado para un producto que no se vende igual que antes?

Cuando estamos en un hospital y vemos en una pantalla el ritmo cardiaco de un paciente y notamos que está vivo, las gráficas tienen picos y valles, ritmo, altibajos, hay vida ¡ pero cuando la línea es totalmente horizontal, significa que el paciente ha dejado de vivir. Así como una linea de altibajos nos muestra que estamos vivos, de la misma forma deberíamos tomar conciencia de las oportunidades tan grandes que tendríamos al no caer en la línea horizontal de la rutina y salir de nuestra zona de confort.

En esa zona de confort siempre tan agradable y tibia, poco a poco vamos perdiendo la capacidad de asombro que nos orilla a un riesgo grande, perdernos la oportunidad de experimentar nuevas cosas, de probar nuevos sabores, de conocer nuevas personas, de disfrutar nuevos paisajes, de tener pasión por lo que hacemos y entonces dejamos de experimentar la vida misma y todo el rango de diversidad que nos ofrece cada día.

Observemos la flexibilidad de un recién nacido, puede chuparse el dedo del pie sin problema y también veamos que esa flexibilidad se va perdiendo con el paso del tiempo, a tal grado que terminamos nuestros días totalmente rígidos.

Los niños son nuestros grandes maestros, facilmente prueban un nuevo sabor, juegan un nuevo juego y ríen a carcajadas todos los días.

Hay un dicho: “ No dejamos de jugar porque nos hayamos hecho viejos… Nos hacemos viejos porque dejamos de jugar.
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Tengamos la apertura y osadía de un niño para salir de nuestra rutina, saquemos ese niño que aún llevamos dentro, seamos curiosos, rompámoslo sino está roto (en el trabajo o a nivel personal ) y de esta manera disfrutaremos de los altibajos que ofrece la vida, que nos hace mas intensos, más felices… más humanos.

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