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El difícil arte de ayudar

t articulo_home-ayudaayuda El espacio entre “dar de comer al hambriento” y “favorecer con nuestra intervención la autodependencia de la persona a la que ayudamos” es el ámbito en el que este ensayo pretende reflexionar sobre el difícil arte de ayudar.

El espacio entre “dar de comer al hambriento” y “favorecer con nuestra intervención la autodependencia de la persona a la que ayudamos” es el ámbito en el que este ensayo pretende reflexionar sobre el difícil arte de ayudar. 

Si alguien se presenta en tu casa y te dice que tiene hambre, que no ha comido en varios días y que no tiene manera de conseguir alimento. Dale de comer, pero si esa misma persona se vuelve a presentar al día siguiente, darle nuevamente de comer sin indagar las causas de su situación puede ser una de las tantas maneras de no estarlo ayudando adecuadamente y promover una conducta en la que puede ser que satisfagas los requerimientos de tu conciencia pero no estás realmente ayudando, muy probablemente estas logrando lo contrario, perjudicar a la persona, aunque ella no lo crea. 

Cuando en una ocasión una persona que había hecho del pedir dinero a su familia un modus vivendi fue cuestionada por el familiar en turno respecto a esa conducta que ya por varios años había venido practicando e invitada a reflexionar en sus causas, su respuesta fue contundente: Te vengo a pedir dinero, no consejos y tenía razón, sabía, lo había comprobado por años, que se puede vivir de esa creencia mal manejada que tienen algunas personas respecto a la caridad y no tenía ni ganas ni tiempo de escucharla, no fuera a ser que la convencieran de que sus prácticas no eran saludables, él iba por dinero porque se había acostumbrado a vivir de esa manera. 

¿Sus víctimas?: la familia, principalmente sus padres, sus hermanos, sus hijos y desde luego todo aquel que se atravesará en su camino. ¿Había mejorado su situación? Por supuesto que no, había ya familiares cansados de soportar esa carga que dejaban de ser fuentes de abastecimiento, por otro lado sus requerimientos eran cada vez mayores y sus víctimas menos, por lo que los que no habían entendido lo difícil que es ayudar eran requeridos con mayores cantidades, afortunadamente para los solicitantes nunca falta el que paga el costo de lavar su conciencia o no iniciar el difícil trabajo de pensar si realmente lo que esta haciendo es correcto y prefieren seguirle dando. 

Por eso ayudar, ayudar de a deveras es todo un arte Situemos a nuestros personajes: El ayudado. Persona que requiere de apoyo económico y/o de tiempo y que puede o no solicitarlo. El ayudador. Persona dispuesta a compartir parte de su patrimonio y/o tiempo en ayudar a alguien. Analicemos a nuestros personajes El ayudado Una persona que tiene una carencia temporal o permanente y que puede solicitar o no ayuda para resolverla Aspectos a considerar:

Primero. 

¿Cuál es la condición física, mental, emocional que tiene la persona que solicita o requiere ayuda? Segundo ¿Cual es el fin que debemos perseguir al ayudar adecuadamente a alguien? Y por último debemos analizar cuál es nuestra la intención al ayudar a alguien. 

No es lo mismo ayudar a una persona con una severa discapacidad física que le impide, incluso moverse, un cuadripléjico, o a alguien limitado mentalmente por ejemplo una persona con autismo, que a una persona en pleno uso de sus facultades. Y aun así quienes hemos presenciado a los atletas con discapacidades triunfar y a personas con sus funciones cerebrales disminuidas trabajar, a mí lo que me da es vergüenza de andarme quejando cuando yo no tengo esas discapacidades. 

Audar a una persona con discapacidad es promover su desarrollo a partir y a pesar de su discapacidad para hacer de Ella una persona AUTODEPENDIENTE. 

Si esto es con las personas que tienen discapacidades qué decir de las que no tienen esas situaciones. Ayudar es promover el desarrollo de las facultades físicas, mentales y emocionales. 

El ayudador La persona a la que se le solicita ayuda o quien por su personalidad se encuentra siempre en disposición de ayudar a los demás incluso aun cuando no se lo soliciten. La respuesta a ¿por qué ayudamos de manera inadecuada? es sumamente compleja por lo que no debemos caer en respuestas simplistas como: para ser vista como la “buenita”, o la grosera etiqueta de decir que todos los que ayudan lo hacen a manera de lavandería de conciencias, no, el asunto es mucho más complejo, la persona que ayuda inadecuadamente lo hace por muy diversas razones tal vez alguien le vendió la idea de que si a él le va bien debe, imperativo, ayudar a los que no han tenido su suerte, normalmente los solicitantes propagan ese tipo de ideas. O esa incapacidad de decir no de manera asertiva y respetuosa, o el riesgo de ser “mal vista” por los demás y también porque no, para ser aceptados y presentarse con una imagen de salvadores. Los ayudados inadecuadamente desarrollan habilidades para comunicar y reforzar estas conductas de hecho son expertos en el arte de la seducción. 

No podemos saber si nuestra forma de ayudar es correcta o no por eso debemos tener como referente que para ayudar real y efectivamente tenemos que tener claro que el único propósito válido es propiciar el desarrollo del potencial del ayudado para que en el corto plazo sea autodependiente, cualquier otro esquema puede no ser una verdadera ayuda. 

Tal vez por eso es tan difícil ayudar. 

Preguntas provocadoras 

1. ¿Para qué ayudas a los demás? 

2. ¿Cuál es tu verdadera intención al ayudar a los demás? 

3. ¿Sabes el resultado de tus intervenciones de ayuda, le das seguimiento? 

4. ¿Cómo te sientes después de haber ayudado? 

5. ¿Cómo te sientes si niegas la ayuda?

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