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El flechador del cielo

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Cuenta una leyenda mazahua, que un valiente joven guerrero indígena era grandemente admirado por los suyos, porque sus saetas alcanzaban distancias extraordinarias, más poderosas que las que alcanzaban sus compañeros y amigos.  

No obstante, él no era más fuerte que los demás, no tenía más tiempo de práctica que los otros, no tenía mejores flechas ni había recibido adiestramiento especial. No, solo tenía una gran ventaja que lo había convertido en el mejor flechador de su comunidad, pues alcanzaba las mejores marcas. La verdad es que siempre tenía mejores resultados, porque tenía una meta fija en su mente; pero, sobre todo, en el corazón: “siempre intentaba flechar la bóveda celeste” 

Considero que, como país, nuestras saetas han dejado de apuntar al cielo y están apuntando, actualmente, a ideales pequeños y empobrecidos; se nos ha olvidado tener grandes ideales como motor del esfuerzo global y apuntamos sin la direccionalidad adecuada. En particular, creo que la contingencia puso al descubierto las graves deficiencias del sistema educativo nacional, el cual ha adquirido una organización, una fisonomía y una orientación opuestas a las necesidades del desarrollo nacional. Como resultado de ello, no se han creado centros educativos de alto nivel que permitan la formación de cuadros científicos y técnicos, para atender los grandes problemas del país, ni para resolver contingencias de salud, como la epidemia de la influenza humana.

El actual modelo educativo le ha arrancado, a miles de niños y jóvenes la oportunidad de estar trabajando en la construcción de una poderosa industria núcleo eléctrica, en la apertura de caminos y la construcción de puentes, en la mecanización y la electrificación del campo, en la expansión de los servicios de salud pública, en la investigación científica básica, en la formación de nuevas generaciones de técnicos y científicos… incluso, algo todavía más elemental: no les han enseñado a pensar, reflexionar y crear nuevas opciones.

Además de esta situación nacional, la voracidad del mundo globalizador ha generado el fenómeno de la piratería de trabajadores calificados, ofreciéndoles mejor sueldo. Cada vez con mayor frecuencia, representantes de toda clase de empresas, visitan los centros de enseñanza media y superior. Hablan con autoridades, maestros y alumnos; hacen ofertas atractivas; compiten casi violentamente entre sí; llegan a espiarse mutuamente y meterse zancadillas. Su misión: reclutar personal calificado y profesionista, para sus respectivas empresas.

En muchos casos, se contrata a estudiantes que apenas van a la mitad de sus estudios, con un contrato beca o algo así, que les permite seguir un poco más, hasta adquirir la calidad de pasante y, a veces, para entrar directamente al proceso productivo. De este modo, se habilita a los técnicos e ingenieros que ya no es posible conseguir ni con las más ingeniosas tácticas de piratería de personal especializado, tácticas que, a fin de cuentas, siguen empleando con éxito compañías con sede en el extranjero. 

La consecuencia es obvia: escasez de personal calificado, especialmente cuadros técnicos y científicos, para garantizar la salud de la población, sustentar el crecimiento industrial, la modernización del agro, la absorción de técnicas avanzadas y la expansión general de la producción y la productividad. 

Necesitamos convertirnos en “flechadores del cielo”, que nos impulse a lanzar las flechas hacia el cielo, es decir, hacia la formación de una generación de cuadros técnicos y científicos, y revertir el actual proceso de poca ciencia y mucha administración. Los estudiantes que ingresan a la educación superior, la mayoría se dedica a la administración y a las ciencias sociales: Un dato revelador es que, por cada estudiante de ingeniería, hay tres que estudian para administradores, lo que significa que detrás de cada físico o matemático, hay varios profesionistas dispuestos a administrarlo. Por otra parte, una gran cantidad de profesionistas se dedica a actividades en el sector terciario (servicios), y sólo el resto, a la industria, la agricultura y la investigación básica. Los estudios de posgrado muestran un panorama más desolador: por cada doctor en ingeniería, hay 29 doctores en administración o áreas afines. 

Hay otro fenómeno notable de nuestro sistema educativo actual: la disminución de su eficiencia terminal. Este fenómeno, resultado principalmente de los bajos ingresos familiares, implica que multitud de jóvenes se vean empujados al trabajo —cuando no al subempleo— a una edad temprana y con un grado de calificación inadecuado. El resultado: ha descendido, casi verticalmente, el número de ingenieros y técnicos interesados en dedicarse a la enseñanza científica y, en consecuencia, se contrae el número de personas interesadas en dedicarse a la investigación científica y tecnológica. La investigación científica y tecnológica, como la energía médica, nuclear y la computación, es prácticamente inexistente. México sólo posee un científico o ingeniero dedicado a la investigación científica y tecnológica, por cada diez mil habitantes. De hecho, el enfoque que se dé a la educación, es la piedra de toque de las capacidades reales de un gobierno, pues ésta exige que se expliciten las concepciones filosóficas del gobernante, sobre el hombre, y su don más preciado: la mente. 

Debemos tomar el brazo del ambicioso flechador y obligarlo a apuntar a metas más altas. Se debe apuntar hacia la creación de cuadros científicos y técnicos de alto nivel, necesarios para la investigación básica, la docencia y la producción. Sólo así se podrá generar, a partir de ellos, los ejércitos de maestros de alta calidad, que hagan de la educación media, primero, y de la educación primaria, después, los semilleros de nuevos jóvenes, ciudadanos capaces de convertirse en los cuadros técnicos y científicos del México del siglo venidero. 

Hidalgo, Morelos, Juárez, Obregón y Cárdenas, han sido algunos de nuestros más conocidos flechadores del cielo, porque creyeron en el poder de la educación, apostaron por el desarrollo y la excelencia académica, idearon generar cuadros de alto nivel. Entendieron que la construcción de un edificio, no se empieza por el principio, sino por el final; es decir, por el concepto del edificio acabado, por el concepto claro y acabado, del tipo de país que queremos para dentro de unas décadas. 

¿Te imaginas lo mucho que mejoraría nuestro país si todos deseáramos ser como el flechador del cielo? ¿Te imaginas lo que lograríamos si todos levantáramos nuestra mira hacia el cielo, hacia grandes ideales, como motor del esfuerzo global? ¿Te imaginas lo que puedes alcanzar, si siempre intentaras flechar la bóveda celeste?

Bien, no lo tienes que imaginar. Tú te puedes convertir en el entrenador de tu vida personal y profesional, ¿cómo lograrlo? Sigue conmigo este newsletter electrónico, lee y realiza los ejercicios que te propongo y me mantendré en contacto contigo. 

Por ahora, pregúntate:

• ¿Qué debo hacer para abandonar mis rutinas cómodas, más o menos placentera y salir al mundo; colocarme en un punto estratégico y apuntar al cielo? 
• ¿Qué puedo hacer para desafiar mis miedos y dudas y, en lugar de ellos, actuar con fuerza y convicción? 
• Si es cierto que el comienzo es la parte más importante de toda tarea ¿qué me impide dar ese paso y haga que mis saetas apunten al cielo? 
• ¿Qué hay dentro de mí que me imposibilita dejar crecer al flechador del cielo que llevo adentro? 
• ¿Cómo debo prepararme para crecer, cambiar, para arriesgarme?

Si quisieras compartir tus experiencias personales, a partir de esta reflexión, escríbeme y seguiré tu pista, juntos andaremos el camino, transformándonos en mejores observadores, cambiando nuestros juicios y creencias acerca de nosotros y de los demás. ¡Atrévete!


Sergio Balderas es Master Coach, así como instructor en Alianzas Estratégicas en Capacitación.

 

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Teléfono: 5676-6688

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