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Capacitación para reeducarnos: conciencia, aceptación y acción.

POR: LIC. PATRICIA RODRÍGUEZ GUERRA.

Para poder desatar un proceso de cambio tanto a nivel personal como laboral necesitamos tres pasos básicos: conciencia, aceptación y acción.

Tres pasos que se necesitan llevar a cabo en ese orden y no por negligencia o por decreto sino para poder realizar cambios verdaderos, profundos y sustanciales.
El mundo moderno nos invita a lo rápido, lo cómodo, lo light, nos hace creer que podemos evitar el dolor, las crisis, el crecimiento sin profundidad. Con frecuencia recurrimos a la acción sin reflexión, lamentando después las consecuencias. Como dice el dicho "no es lo mismo cavar un hoyo de 10 metros que cavar 10 hoyos de un metro".

Los seres humanos hemos sido dotados de inteligencia, de conciencia (que es el proceso de darnos cuenta) y de acción. Estamos hechos para el cambio y para la acción. La participación consciente en el mundo es lo que nos hará crecer como personas, sentirnos aptos para enfrentar los retos que la vida nos pone enfrente y merecedores del éxito y la felicidad.

Conciencia:
¿En qué sentido se necesita ser auto consciente? El hecho de observarse a sí mismo durante un tiempo, descubrir cuáles son nuestros pensamientos y emociones dominantes, nuestras virtudes y defectos, fortalezas y debilidades, logros y carencias, es el primer paso que nos da la posibilidad de tomar conciencia y aceptar aquellas cosas que nos hacen sentir bien con nosotros y por lo tanto ayudan al crecimiento tanto personal como laboral.

Aceptación:
Este paso nos da la posibilidad de distinguir la diferencia entre aceptar lo que no puedo cambiar y lo que sí puedo, haciéndome responsable de llevar a cabo dichos cambios. La aceptación no significa sumisión a una situación, significa admitir una situación y luego decidir qué se puede hacer al respecto. Esto implica humildad, pues nos quita de la postura de víctima en donde las circunstancias, la empresa, el jefe, etc. son culpables de todas las fallas y nuestros malestares y nos coloca en el camino de la acción y la responsabilidad.

Acción:
Es tomar las riendas de nuestra vida, convertirnos en el protagonista de la misma, buscando y encontrando los medios, instrumentos y herramientas para trabajar en nuestra personalidad, para aumentar nuestras fortalezas y disminuir nuestras debilidades de forma responsable asumiendo las consecuencias que nuestros cambios traerán en todos los ámbitos de nuestra vida.

El último paso es fundamental, comprometerse a trabajar en uno mismo todos los días, en forma constante y perseverante. Implica una observación diaria de sí. Hoy está comprobado tanto a nivel médico, como emocional y laboral que las personas que están comprometidas con su vida tienen un mejor rendimiento físico, emocional, mental y por supuesto esto favorece a las empresas, es decir, el resultado también se puede constatar en la productividad de las mismas. La relación con los demás se torna más saludable, la eficiencia en el trabajo es evidente, el clima laboral también se verá favorecido.

La solución a nuestros problemas no pasa por autoengañarse, resignarse, o comportarse imitando la estrategia del avestruz: enterrando la cabeza bajo tierra. Tampoco es válido comenzar a hacer cambios sin haber hecho una observación previa pues esto conduce a decisiones mal elaboradas. Afortunadamente es cada vez mayor el desafío y el compromiso con el que las empresas toman en serio la capacitación para sus empleados. Necesitamos reeducarnos, cambiar paradigmas, reconocer que lo que funcionó antes puede ya no ser funcional ahora.

La capacitación da la posibilidad de iniciar el proceso de toma de conciencia, de hacer la invitación al cambio, haciendo corresponsables a todos los miembros de la empresa a colaborar con la misma. Cada una de las personas es responsable de hacer que la empresa camine en la dirección que su misión indique. Son las estrategias de afrontamiento y no las de evitación las que pueden ayudarnos a resolver nuestros problemas y a alcanzar nuestros objetivos. Afrontar el cambio con conciencia y aceptación puede alterar temporalmente nuestro equilibrio y por eso suele provocarnos malestar, pero quizá vale la pena preguntarse: ¿Qué nos va a producir mayor rendimiento laboral y personal, cambiar o continuar en un estado de resistencia, de poco rendimiento y baja productividad, con la esperanza de que algún día suceda algo que nos libere de esa pesada carga?

El cambio no está exento de riesgo pero es un estímulo, una oportunidad única que no podemos desaprovechar. La única constante es el cambio. Tomar conciencia es un proceso que nos permite tener mayor flexibilidad en nuestra conducta y reconocer las infinitas posibilidades que tenemos para solucionar cualquier situación a la que nos enfrentemos. Termino estas reflexiones, recordando lo dicho por Henry David Thoreau:
"Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se perderá necesariamente porque ahí es donde deben estar. Simplemente ahora ponle cimientos".

La Lic. Patricia Rodríguez Guerra es Coordinadora de Desarrollo Humano de Centro de Estudios Fiscales, S.C. (CEFA).

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